Tropezar

Cuanta sabiduría hay en la piedra, tiene para mi la noble vocación de piedra, no se engaña, no aspira a nada más, su ambición tiene foco; es que para ella no hay diferencias, no hay bueno ni malo, sólo hace lo correcto para ella, y lo hace de la mejor manera, lo hace incluso con maestría; pues la piedra sabe y no duda, no vacila ni cavila. En fin, quizás su maestría radica en el hecho de que no piensa, porque la piedra es lo que es, y sabe; sabe ser piedra.
Algunas llevan esto más lejos y hacen tropezar a quien cree ser cúspide de la creación, la medida de todas las cosas, aquel que avanza con la altanería del bípedo, aquel que progresa en el camino, la simple piedra por sí sola lo hace tropezar a éste en ocasiones no una, ni dos veces, incluso tres, y ella misma por sí sola.
Tan poco se sabe y con tanto orgullo se afirma, así es develada la ignorancia, humildemente aprender de todo, ¿Por qué no meditarse sobre la piedra?, ¿no son sabias aquellas?
No se mueven y saben ser piedras. Las piedras no tropiezan.
Cabe llegado al fin preguntar.
¿Quién en verdad es el mineral?

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