La serpiente y el águila
En un caluroso ocaso en el desierto conversaba un águila y una serpiente, la perspicaz ave le pregunta al reptil:
–Serpentina amiga, ¿ves aquella pirámide allá a lo lejos?
–Si, ¿que pasa con ella?
–No la has visto aun con suficiente claridad amiga…
–¿por que dices eso águila?
–Mira, mi visión a muchos pies de altura al volar en lo alto del cielo, y te lo aseguro, me permite develar que no es tal.
Sorprendida la serpiente le pregunta –entonces ¿que sería según tú? ¿no me estas tomando el pelo?
– sería incapaz de aquello amiga –le respondió el águila– en realidad es un zigurat, pues en su cúspide es plana, y para ti, desde tu arrastrada mirada, lo que arriba ves como un ángulo, como un punto de fuga, no es tal. Finaliza esta en su cumbre en una plana meseta en realidad.
–a ver águila, tómame y déjame ver lo que dices, pues no lo creo.
Con una sonrisa macabra el águila le responde –¿como no? – y acercándose, antes de tomarla sus ojos picoteándolos reventó y llorando lagrimas de sangre el águila entre sus patas la tomó.
–ves mejor ahora amiga serpiente, ¿entiendes la diferencia entre mirada y visión? – haciéndose al vuelo intentaba la serpiente infructuosamente escaparse de las patas del águila y así a ella elevó, se elevo tanto que en el cielo se perdió y luego de un tiempo el águila caer al reptil dejó improperios al ave la serpiente largó –¡pajarraco! ¡plumífero maldito! Me has engañado.
–No amiga, tu caíste en tu trampa, tu me hubieras envenenado, simplemente actué antes que tú mi futura merienda.
Y así conforme ascendía el odio, rabia y resentimiento del reptil, descendía la sutil indiferencia de la majestuosa ave y súbitamente la serpiente contra unas rocas su cabeza estrelló. ¡Vaya festín que aquella águila esa noche se dio!
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