De la aurora al alba
Alcanzada la cumbre de la montaña era ya tarde y cansado me encontraba en una cueva que había allí y que mi noche abrigaba. Alimentaba mi corazón ya calmado el sueño observando hacia el exterior y mis parpados cayendo. El sueño me levantaba.
Y así llegue al encuentro de una misteriosa diosa que me dijo –llegaste puntual, te esperaba– su fogoso encuentro mientras tanto relataba, en medio del claro del bosque, en la noche y al calor de una fogata, el sonido del rio y el canto de unos grillos en ese paisaje, ella su recuerdo contaba.
–Y así la noche del día avanza y con su claridad oscurece develando solo la penumbra así la noche se yergue más allá de lo claro y en oscuridad el día deviene.
Tan aferrado que se está que el dolor será igualmente proporcional cuando llegue el momento de soltar, pues ¿no se trata de esto la vida, una preparación para ver deshecho todo lo construido y muerto lo amado?
Pero quizás no, a lo mejor el real dolor ha de ser todos los años, todas las generaciones, el eón del tiempo en que viendo aquello cómo sucedía delante de los ojos de la humanidad, de la suma de todos estos a lo largo de milenios viéndose sin necesariamente verlo realmente, dejando así pasar la sutil maravilla que es esta placenta segunda denominada vida con todo aquello que se asume, rodea y lo mismo que se percibe fuera ocurre dentro, siendo incluso todo lo contrario, pues es posible que aquello que fuera se viere es lo que en definitiva fuere y ha estado siempre ocurriendo al interior, ya que no se trata de lo que se ve sino de su interpretación, y aquella remite del escenario a su espectador.
Solo hay una diferencia en la percepción, en los grados y en la intensidad de cómo y qué ocurre con lo que se observa, solo una cuestión de la posición adoptada (aceptada) en el espacio, tiempo y movimiento con respecto a lo que se mira.
La verdad es que se nos escapa de las manos, no hay palabras para lo inefable y todo aquello que se ve tan solo una pobre interpretación de lo que realmente es, pues solo se ve lo que sucede, se ve el paisaje y al día siguiente se asume que es el mismo, mas todo cambió, pues de posición la piedra se movió, las hojas cayeron y el césped se secó. Ha llegado el otoño se percibe, se ha denominado así y quizás no se llame así. Imagínese la cordillera que hace de anfiteatro en el pueblo, a simple vista es el macizo sempiterno que proteja este suelo, pero la mentira era que estuviera tan tranquila, avanza esta día a día, pues las cosas son posibles por la vibración, es así cómo venimos a la vida. Vibración, movimiento, calor, roce, y si a todo esto se suma la danza de las antinomias es posible darse cuenta que lo que es, es el apareamiento de los contrarios encontrándose así lo blando con lo duro, lo seco y lo húmedo, lo pequeño lo grande, apretado y dilatado, vacío llenado, tenso y relajado, ora húmedo lo antes seco, todo lo que fue vuelve a su estado anterior, del clímax extático su calma y relajación.
El recuerdo de aquella noche quedo plasmado en mi recuerdo como reflexión durante el día en que taciturno anduve hasta ver ese monte que en constante connubio encontrabase cielo y tierra.
El misterio de la vida y la naturaleza en la cama en un rato se devela y es posible entenderlo y apreciarlo.
Sociedad fruto de este eterno drama que es un movimiento que al parecer nunca acaba, y cómplices se es de esta danza y la víctima no existe, esto pasa y sigue mientras padre y madre, cielo y tierra en la montaña se encuentran y se aparean, pues el cielo siembra la simiente y la tierra la germina, así también el pensamiento fruto de la razón en materia se hace patente y es el verbo efectuado por el sujeto siendo el predicado y tú aconteces.
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