Es así como se ve un Rey

Es así como se ve un Rey.
–¿Quién es aquel hermano que avanza lentamente como quien deja atrás su historia, su vida, su pasado? ¿Quien es aquel que vestido con harapos de descuidada manera luce tan elegante y señorial?, ¿quien es aquel de larga barba, cabello cano, marcadas arrugas y profunda mirada de niño, ¡característica del hombre que se hace viejo, oh! quien es aquel mi hermano?
–Aquel que observas con detenimiento y bien describes, es el gran soberano del mundo, se aleja pues ya cumplió con su tarea, con su misión, sabe cuando es el momento y ya lo entregó todo, pues obsérvalo, lleva las manos vacías.
–¿Cómo es rey del mundo?, me tomas el pelo, así no se ve por lo general un soberano de esa envergadura que ama su trono y en sus manos luce las joyas que le dan su categoría.
–El es distinto, hermano mío, míralo bien mientras se aleja; ese hombre gobernó sin entronizarse y su corona no se exhibía, sus joyas fueron el amor que su pueblo le entregaba, era también su paga y motivo de su paz, pues lo suyo era la vocación, la vocación de servir al otro, poniéndose él en segundo, tercer o cuarto lugar y eso lo hacía estar siempre primero.
No buscaba y por eso siempre hallaba,
No quiso nada y por eso siempre tuvo,
No amasó riquezas y nunca vivió la carestía,
Nunca se preocupó, pues ya se encontraba ocupado y nunca estuvo siquiera agitado,
No tenía a nadie y todos dependían de él,
No tenía conocimiento, ni diplomas que exhibir, mas era él un sabio reconocido por todos.
Se movía sin avanzar, muchos dirán que nunca vivió, pues no viajó, ni poseía carruajes, así mismo no vestía ningún sayo de oropel, él sabía que la vida estaba en él contenida, y son las pequeñas cosas que hacen grande a la vida, así también se enfrenta aquel hombre a la muerte, a la que nunca ha temido, pues sabe lo fundamental que es para que haya vida, por eso ese hombre sabe abrazar la muerte, es parte de él, le marca el tiempo.
–Ya veo, interesante vida la de aquel anciano, luego de tanto hablar de él ya se alejo, borrando del paisaje su imagen.
–¿De que hablas? ¿Quien dices que se alejó?
–el Hombre.
–Cual Hombre?
–El que marcó con sus huellas esta playa, huellas de pies desnudos que va borrando el viento de esta arena.
–¡Ah, Ya sé de quién hablas!, de Aquel sabio que se fue y nunca existió y sin embargo hoy esta anclado en bellas imágenes a tu recuerdo. Aquel anciano que tenía más preguntas que respuestas, sabía que la palabra es de por si poco clara y por eso no dividía ni juzgaba, no discriminaba ni favorecía, sabía que el sol alumbraba a todos y los frutos del cielo por igual caen tanto sobre los tiranos usureros que dicen gobernar y querer al pueblo como en el pordiosero que busca en la basura, y dónde nadie halla él lo encuentra todo. Aquel anciano es un hombre que claridad tiene que Así cómo en la naturaleza que actúa sin actuar, y por eso no se equivoca a diferencia del hombre civilizado, esclavo del progreso que constantemente yerra y necesita de la ley para gobernarse, sabe aquel anciano que muchas de las respuestas a las preguntas a las que hoy nadie tiene tiempo, las trascendentales hermano mío las que nos alejan de nuestra ficción habitual, son una paradoja, pues en muchas ocasiones, y él lo supo, la paradoja es la respuesta.

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